
Cada tanto reaparecen las ásperas discusiones sobre si el aborto debe seguir siendo considerado un crimen o no. Por ahora no hay dudas de que se trata de un delito, dado que aparece específicamente tipificado en el Código Penal (artículos 85 a 88). Su desincriminación es materia de interminables discusiones, básicamente enfrentadas por la definición de “ser vivo”. Hay quien dice: “desde el momento en que el espermatozoide fecunda al óvulo, hablamos de que se ha concebido un NIÑO”. En el otro extremo, los argumentos son del tipo “pisar una semilla no es lo mismo que talar un árbol”. Hay consideraciones jurídicas, sociales, sanitarias, morales, etc. que abren todo un abanico de matices. Asumir una postura sobre un tema tan delicado requiere, por lo tanto, argumentaciones mayores, imposibles de desarrollar en una columna como ésta. Además no es mi intención ponerme a explicar si estoy a favor o en contra del aborto, ni por qué. Lo que me interesa es revisar cierta actitud, concretamente la de la Iglesia Católica. La férrea defensa del antiabortismo apareció hace un par de semanas a través de los dichos del cardenal Bergoglio. Y uno de sus argumentos, el que me motivó a escribir la presente, fue “estaríamos matando a los niños antes de que nazcan, y ése es el peor de los crímenes”.
Me permito recordarle al señor cardenal que, en la inmensa mayoría de los casos, los niños nacen. Y crecen. Y muchos de esos niños son víctimas de abusos sexuales por parte de los “camaradas” del seguramente bienintencionado clérigo. Entre 1950 y 2002, sólo en los Estados Unidos, más de 10.000 chicos sufrieron abusos a manos de sacerdotes católicos. 4.300 (sí, cuatro mil trescientos) curas fueron acusados de delitos sexuales contra menores. La Iglesia, claro, habla de casos aislados. Como el de Storni, ex arzobispo de Santa Fe “castigado” con una jubilación de privilegio. O como el del cura Julio Grassi, que todos conocemos.
Los encargados de velar por las ovejas son, en muchos casos, lobos disfrazados. ¿Por qué el silencio del clero con respecto a este tema? ¿Por qué no hacen discursos encendidos sobre esos degenerados, ya que tanto les preocupan otros delitos, como el aborto? ¿O es que hay crímenes que pueden ser tolerados cuando son perpetrados por alguien que lleva sotana?
Es fácil vociferar desde el púlpito y usar la fe como escudo cuando se trata de desacreditar posiciones adversas. Y no debiera ser difícil usar el mismo entusiasmo y la misma vehemencia para condenar públicamente a quienes, encargados de vigilar nuestra moral, se aprovechan de los inocentes para satisfacer sus instintos malsanos.
Hace años que espero una conducta ejemplar y coherente de algún miembro de la Iglesia, pero espero en vano. Los falsos ministros de Dios, los que se llenan la boca domingo a domingo con la Palabra Divina, son incapaces de articular sonido alguno para rebelarse contra la ignominia de mancillar a un inocente.
Sepa Dios, si es que existe, perdonarlos en su infinita misericordia. Porque lo que es yo, por más que lo intento, no puedo.
Me permito recordarle al señor cardenal que, en la inmensa mayoría de los casos, los niños nacen. Y crecen. Y muchos de esos niños son víctimas de abusos sexuales por parte de los “camaradas” del seguramente bienintencionado clérigo. Entre 1950 y 2002, sólo en los Estados Unidos, más de 10.000 chicos sufrieron abusos a manos de sacerdotes católicos. 4.300 (sí, cuatro mil trescientos) curas fueron acusados de delitos sexuales contra menores. La Iglesia, claro, habla de casos aislados. Como el de Storni, ex arzobispo de Santa Fe “castigado” con una jubilación de privilegio. O como el del cura Julio Grassi, que todos conocemos.
Los encargados de velar por las ovejas son, en muchos casos, lobos disfrazados. ¿Por qué el silencio del clero con respecto a este tema? ¿Por qué no hacen discursos encendidos sobre esos degenerados, ya que tanto les preocupan otros delitos, como el aborto? ¿O es que hay crímenes que pueden ser tolerados cuando son perpetrados por alguien que lleva sotana?
Es fácil vociferar desde el púlpito y usar la fe como escudo cuando se trata de desacreditar posiciones adversas. Y no debiera ser difícil usar el mismo entusiasmo y la misma vehemencia para condenar públicamente a quienes, encargados de vigilar nuestra moral, se aprovechan de los inocentes para satisfacer sus instintos malsanos.
Hace años que espero una conducta ejemplar y coherente de algún miembro de la Iglesia, pero espero en vano. Los falsos ministros de Dios, los que se llenan la boca domingo a domingo con la Palabra Divina, son incapaces de articular sonido alguno para rebelarse contra la ignominia de mancillar a un inocente.
Sepa Dios, si es que existe, perdonarlos en su infinita misericordia. Porque lo que es yo, por más que lo intento, no puedo.
Tuqui
desde Sta Rosa de Calamuchita

5 comentarios:
Un poco de humor negro al respecto:
http://quimicamenteimpuro.blogspot.com/2008/06/epstolas-ariel-ledesma-becerra.html
Si permitieran a los miembros (y perdón por la metáfora fácil) del Clero tener esposas, por ende, algún tipo de intercambio carnal, tal vez habría menos Polanskys pretendiendo que un cartoncito de pan te va a salvar del infierno. Nos quedaríamos, de esta forma, con el enigma de los profesores de gimnasia; pero tal vez el erotismo de los "Dipprtto", junto con las "Adiddas New York" haya sido demasiado irresistible para esas generaciones de profesores que, abusando del "quemado", cuando no tenían ni verga de ganas de trabajar, fantaseaban con poseer, al menos por breves instantes, a esos tiernos retoños.
Igualmente, se supone también, que un proovedor de salud mental no debería incurrir en atracones de impulsos.
Ya lo vemos, mundo imperfecto, chocándonos contra las paredes. Todos queremos que la Japo esté mejor, mucho antes de salvar el propio asiento. Aunque en algún punto nos olvidemos que hay un otro, siempre.
Besos,
más que nunca
"El Psycho"
Es que, en el fondo, todo abuso es un delito de poder. La parte sexual es sólo accesoria.
Todos los casos citados (más todos los que no conocemos ni conoceremos, muchos en el seno de las familias) tienen implícita una relación de poder o son efectuados por individuos acostumbrados a una posición de poder en relación a los demás (generalmente, las víctimas).
Es más complejo, por cierto, pero me parece que existe una correlación no casual en el asunto.
Saludos.
Que sepamos, no ya del embrión que tiene un centímetro de largo y donde ya puede identificarse el germen del corazón humano, sino aun del cigoto recién fecundado, cada una de las etapas -incluyendo la fetal-y que han sido indebidamente comparadas con las etapas de otras especies animales con la pretensión de otorgarles categorías biológicas similares, con todo, que sepamos, de un útero humano nunca salió un pez, un cerdo o un zapato: siempre ha salido un niño.
La Iglesia no tiene que prohibir nada, porque no debe ser juez como manda su Fundador, sólo debe atenerse -por obligación sacramental- a denunciar la mentira y sostener, como única carga (según San Pablo) la de preservar la Palabra. Por ejemplo:
"Y el que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor que les pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que lo echen al mar." Marcos 9, 42.
Es evidente lo que dice Daniel Belfiore. Basta ya de muertes o abuso de inocentes (abortos o pedófilos, sean curas-una minoría- o no-la gran mayoría, y generalmente familiares).
De todos modos Gabriel,no dejo de acordarme lo bien que la pasaba en 5to año del Urquiza cuando largabas tu andanada de chistes. Un abrazo
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