domingo 1 de junio de 2008

Voto universal, trampa fatal

En ciertos terrenos específicos, la sensación de que algunas cosas han mejorado podría ser engañosa. Tal vez no es que hayan dejado de matar a la gente por decir lo que piensa, sino que la gente ya no piensa. Basta comparar el “Feliz Domingo” de Silvio Soldán con los actuales programas donde los estudiantes compiten con el arma de sus “conocimientos”, para ser testigo de la devastación intelectual que ha sufrido este país.
Eso explica, entre otras cosas, que se celebre cualquier perogrullada rimbombante incluida en un discurso, o que proliferen velas y velitas y se clame por justicia en sitios donde la tragedia de todos requeriría un pedido serio y firme a favor de una educación que evite otra desgracia colectiva. Con educación la justicia llega inexorablemente.
Explica también la multitudinaria afluencia de personas a los templos para pedir a los santos lo que las autoridades debieran garantizar: pan, paz y trabajo. La falta de instrucción, el bombardeo de mediocridad de una televisión con “profesionales” de la estatura de Eduardo Feimann (parece una broma, pero es una metáfora) y Marcelo Polino, y la convicción de que un cadáver ilustre (o dos, pobre Evita) pueden llevar a buen puerto a un país que es nada más que un rejuntado de individuos que viven en el mismo territorio, son circunstancias que todos debiéramos lamentar.
¿Qué genera eso? Procreación sin planificación, población sin el más mínimo criterio. Mano de obra barata, en una época en la que el concepto de trabajo ha cambiado: no es que no se consiga empleo, es que no hay empleo para todos, porque las máquinas hacen gran parte de los esfuerzos que antes hacíamos nosotros y, además, somos demasiados.
Ningún ser racional tiene más de dos o tres hijos sin poder mantenerlos y educarlos adecuadamente, y eso ya es mucho. Los excluídos del privilegio de la ilustración tienen una decena de hijos.
¿Cómo sigue esta historia?
De esos diez, cada uno tendrá otra decena. Un centenar a la segunda generación. No es necesario ser primo de Pitágoras para comprender que 10 x 10 x 10… será siempre superior a 3 x 3 x 3…
En poco más de un siglo (olvidando la paternidad adolescente y suponiendo que las personas tengan hijos alrededor de los 25 años), la cuenta estará 10.000… a 81. Una generación después, 100.000 a 243. Las estadísticas no tienen ideología.
Así que podemos preguntarnos: ¿El voto universal sigue siendo un arma políticamente correcta bajo las infames circunstancias que se viven? Sé que se alzarán voces tildándome de fascista, derechista y otras palabras que terminan igual. No me importa, no seré yo quien haga votar a los indios despojados y a los analfabetos con documentos falsos. Lo que nos enseñaron en el colegio acerca de los fraudes electorales a principios del siglo pasado lo sabemos porque nosotros pudimos ir al colegio. ¿Quién le explicará a una Argentina embrutecida lo que pasa actualmente? Parece un fraude mucho mayor, una estafa infinitamente más vergonzosa, encaramarse en los hombros de un estadista muerto para convocar el aplauso de los ignorantes.
Esa el la trampa última, la más inmoral, la más condenable: A la hora de votar… votamos todos.


Tuqui
desde Mercedes (B)

1 comentarios:

claudioguevara66 dijo...

Tuqui, estás inspirado! Hay mucho de sentido común en lo que decís. La conclusión política por el lado del voto no es "políticamente correcta", pero es debatible. Yo agregaría que el problema no es que las masas ignorantes voten -creo que en ciertas condiciones podrian hacerlo inteligentemente y en su propio beneficio- sino en que las condiciones de sistema político permiten que el voto de esos sectores sea capturado "como paquetes" millonarios que se compran por diveras vías. Ya lo hablaremos.
Che, a propósito: me tiene inquieto que no te puedo localizar: te acordás que actuás en Mercedes el 21? ¿Podés estar en Mercedes unos días antes para andar de promoción? Ademas necesito fotos tuyas! Mil cel. es: 02324 15 586527. Saludos